diumenge, 16 de març de 2014

LUCAS, BUENAS TAPAS EN LA ARGANZUELA

Establecimiento: Lucas
28005 Madrid
Calle Las Naves, 32
Tfn 915 17 49 93
Preu orientatiu: 10€

Lucas  Cerrado por jubilación en febrero de 2017. Ahora es La Ría de Noia.

Cafetería y cervecería. Tienen tapas, menú diario y de fin de semana, hacen cochinillos asados y ponen buenas tapas con la caña. Están en el castizo barrio de la Arganzuela y tienen terraza. A pesar del camarero seriote, la comida prevalece, se gana 4 estrellas Pepa Pink.

LOCAL





Acceso:
Fácil
Aparcamiento:
Fácil
Espacio:
Mediano
Aire acond. Calefacción
Terraza cubierta
Distribución:
Buena
Iluminación:
Buena
Mobiliario:
Funcional
Cómodo
Sillas
Limpieza servicios:
Buena
Secador manos:
Aire automático
Cambiador:
No
Extras:
No
PERSONAL


CARTA


Vestuario:
Uniforme
Amabilidad:
Según quien te atienda
Eficacia:
Presentación:
Clásica
Vinos:
Vinos de la Tierra
Vinos de otras tierras
IDIOMAS





Español





En la Arganzuela, un barrio con bibliotecas, complejos deportivos, circuito BMX, museos, teatros y el Vicente Calderón, hay una cervecería que hace comidas de toda la vida y tapas muy buenas. El local no es muy grande y el mobiliario no es lujoso, pero sí cómodo. Hacen unos cochinillos tan ricos que no tienes que viajar a Segovia para darte un gusto. La terraza exterior es cubierta para que los fumadores puedan disfrutar de unas tapas en invierno o cuando llueva. También hacen desayunos y meriendas. Puede que te atienda un camarero muy simpático y dado a bromas o puede que te atienda uno bastante más serio, como cabreado; da igual, disfrutarás de la comida igualmente.

Fuimos a una cena rápida y ligera, lo que es un par de tapas pero al final caímos en la tentación.

Al pedir la bebidas ya te ponen las tapa correspondiente, sin pedirla ni nada; ays, como me gusta eso de la tapa obligatoria y gratuita!!!


También nos trajeron el pan, porque con las tapas que pedimos nos iba a venir muy bien.




Empezamos fuerte: unos callos que intentamos compensar con una ración de "champis". El chorizo que llevaba era asturiano y le daba un toque fuerte al plato. El pan vino perfecto para acabar con todo.




Seguimos con una sepia a la plancha en su punto justo y acabamos con un pulpo a la gallega que estaba de muerte, con sus patatitas y todo.
Están al lado de casa de mis padres así que es de parada casi obligada cada domingo, cuando mi padre vuelve de su habitual visita a El Rastro.

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